Hemos encontrado este homenaje a los voluntarios en el blog de un corredor. Nos ha parecido muy bonita su manera de agradecer esa labor invisible:

“Agarré la botellita de Powerade con cierta necesidad, consecuencia de la fatiga y miré a la mujer que estaba detrás del mostrador, la esposa de algún corredor, de esas esposas que comparten la afición del marido sin necesidad de dar una zancada, de un marido que tal vez ni siquiera había corrido y que estaba de peto fosforito unos metros más allá organizando la llegada o ayudando a los corredores.

Agarré la botellita, la miré y la dije “muchas gracias” y ella me contestó con una sonrisa y un “de nada”.

¿De nada?

Las gracias no eran por la botellita. No eran solo por la botellita.

Las gracias pretendían incluir a ésta, al mostrador que las sostenía, las sillas que estaban unos metros más allá y en las que me senté con mi amigo Ricardo a comentar la carrera, la sombrilla que nos apartaba del sol, el arco de meta por el que acababa de pasar, la caseta en la que otros voluntarios controlaban tiempos con el lector del chip por cada dorsal, las vallas que separaban la meta y delimitaban el área de los corredores…

Y también pretendían incluir el día que alguien fue a encargar los dorsales, que alguien imprimió el tríptico del circuito, que alguien fue al Ayuntamiento a contar que hola, que aquí estoy otra vez y que queremos organizar el circuito un año más, que alguien fue a las tiendas a pedir cosas para regalar, que alguien suscribió un seguro por si algún corredor sufría un accidente, que alguien fue a la Junta, a ver si nos podéis dar un poquito de dinero para premios, que alguien imprimió unas pancartas, que alguien fue a encargar los trofeos, que alguien compró las camisetas, que alguien las diseñó, que alguien las metió en una bolsa, que alguien se acordó de los imperdibles, porque a los corredores siempre se nos pierden, que alguien se encargó de hacer las clasificaciones, de colgarlas en la web …

Y también pretendían incluir las horas que unas personas de una directiva dejaron un rato de hacer los deberes con sus hijos, dejaron de entrenar ese día, vaya hoy tampoco entreno, por aquella reunión que se alargó demasiado, que dejaron de ver la tele o de dar un paseo con la mujer por darle otra vuelta más a ver si estaba todo bien organizado.

De aquellas llamadas de teléfono, que te acuerdes de que abran el pabellón para el que quiera irse a duchar, que te acuerdes de las flores de las chicas, que te acuerdes de las placas de los colaboradores, que llames a Soto, que llames, que llames, que llames … y llegó la factura del teléfono.

Y también pretendían incluir el madrugón del día de la carrera porque hay que montar las vallas y las cintas y hablar con la policía municipal y con los voluntarios y con…

Y pretendían incluir tantas y tantas cosas…

¿De nada?

Qué poquito fue decir muchas gracias.”